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Ser niño en Internet
15/11/2006 10:20 | Enviado por webmaster2 | Link permanentes | Riesgos de InternetFuente: Por Silvia Bacher (lanacion.com)
"Internet no es un buen lugar para hacer amigos si uno es un niño", advierte Luis María Pescetti, uno de los referentes vernáculos en literatura y música infantil. Lo dice con conocimiento de causa: es que en un momento su sitio "fue visitado por chicos de diferentes países que tomaron la página como un chat (que no lo es). A los pocos días, empezaron a llegar mensajes de jóvenes cada vez más grandes. La franja de edades pasó de 9 años a más de 20. Todo ocurrió muy rápido -afirma-. Con algunos mensajes no podía estar seguro de si eran de niños. Otros francamente no parecían escritos por un niño, aunque la persona asegurara serlo (es raro que un niño redacte un correo así: "Hola, soy un niño, quiero conocer etc.")". Por eso, Pescetti borró los mensajes que contenían datos personales o propuestas de citas y escribió reglas advirtiendo, entre otras cosas, que chicos y jóvenes no pusieran sus datos personales. "Esto lo hice no sólo para cuidar a quienes los escriben, sino también para cuidar el blog . Pasó lo que pasa en todo Internet: hubo mensajes spam y gente que quiso meterse, corté comentarios, puse filtros y la cosa se solucionó de un día para el otro", indica.En el mundo entero la edad de acceso a Internet es cada vez más temprana. Según datos suministrados por Microsoft, actualmente el segmento con mayor crecimiento de los usuarios de Internet son los niños en edad preescolar. Muchos utilizan la Red en el colegio cuando tienen 6 años, por lo que probablemente querrán conectarse en casa también. Datos de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación Española indicaban ya en 2004 que la mitad de los usuarios de Internet eran niñas y niños de entre 8 y 13 años y que la mayoría accedía desde su casa y buscaba navegar, chatear y jugar a través de la Web . Sin embargo, en muchos casos no existe conciencia en padres y maestros de los riesgos a los que pueden quedar expuestos.
Internet nos cambió la vida. Lo hizo en todos los campos y dimensiones. Desde su masificación ya no hay distancias, ni horarios ni tiempo tal como supimos concebirlos. Desde que los monitores se multiplican en las casas de quienes pueden adquirirlos, o en los cibercafés donde se hacen accesibles por una moneda, ya nada parece ser igual. La sociología, la antropología, la psicología y el periodismo deben repensarse con una arista particular, la de la virtualidad, que lentamente va ocupando el centro de la escena en las casas, en los bares, en los escritorios de los conductores de noticieros y, más tarde que temprano, también en las aulas.
Internet es una herramienta fascinante, de gran utilidad para el estudio, el intercambio académico, los negocios, el entretenimiento. Pero también es un lugar, o, más aún, un modo de transportarnos por un espacio inasible, con reglas propias y muchas veces desconocidas por los visitantes.
Estas reglas están en permanente construcción, y conocerlas -a veces adivinarlas- se torna un desafío. Es una situación particular, diferente de las normas de tránsito, por ejemplo, dado que las nuevas tecnologías resultan en general más amigables para los más jóvenes, en tanto muchos adultos se perciben a sí mismos como analfabetos funcionales en la gramática de la tecnología.
La afirmación de Pescetti mencionada al principio se corrobora cuando se accede a los datos provistos por el Centro Internacional de Menores Desaparecidos y Explotados ( National Children s Home Report , NOP Research Group y la Escuela de Economía de Londres), los que dan cuenta de que desde 1988 las imágenes de pornografía infantil en Internet han aumentado en un 1500%. Las autoridades estiman que alrededor de 50.000 depredadores sexuales están en línea permanentemente. Indican también que un 40% de los pornógrafos infantiles en el ciberespacio han previamente abusado sexualmente de niños. Que de 4 millones de niños, entre las edades de 7 a 17 años, que navegan en Internet un 29% ofrece libremente la dirección de su casa y un 14% da su dirección de correo electrónico. Y que 9 de 10 niños, entre las edades de 8 a 16, han visto pornografía en Internet accidentalmente. El Centro para Niños Desaparecidos y Explotados reportaba, en 2001, más de 24.400 sitios en Internet de pornografía infantil, y más de 340.000 para el comienzo de 2006.
Los riesgos de Internet ya fueron anticipados casi una década atrás por el movimiento Innocence in Danger , impulsado por la Unesco, que ya entonces convocó a especialistas interdisciplinarios (psicólogos, educadores, legisladores, jueces, sociólogos, periodistas, etc.) con el propósito de alertar a padres, educadores y publicistas sobre estos riesgos.
Parry Aftab, una de las fundadoras de aquel movimiento, actual directora ejecutiva de la red mundial de protección infantil Wiredsafety.org , afirmaba días atrás, en una entrevista, que el "ciberacoso" es el riesgo más frecuente para los niños en Internet. Una década atrás tuve oportunidad de hablar con ella en la sede de la Unesco-París. Y si bien este fenómeno ya existía entonces es la dimensión lo que se ha multiplicado. Sin embargo, ¿existe conciencia sobre este tema?
El gran desafío para quienes nacimos en la era pre-Internet es comprender que aunque el cibernauta esté en casa, frente a la computadora, está en realidad "extramuros", tal vez en una zona de riesgo.
Por eso las reglas para los niños deben ser similares a las que se acuerdan a la hora de comenzar a manejarse solos por las calles. No hablar con extraños; no brindar datos personales -en ningún caso- a desconocidos; no entrar en sitios de chat o foros; saber que quienes firman mensajes pueden estar mintiendo, dado que el anonimato es una de las características de la Red.
Confiar en los adultos cercanos a la hora de sentirse acosados por un desconocido es otro de los consejos que se repiten. Así lo indica el portal educ.ar: "Los chicos pueden usar Internet, pero deben saber que allí cualquiera puede publicar y que las cosas pueden no ser lo que aparentan".
Para anticipar situaciones conflictivas, los especialistas sugieren que las computadoras no estén en las habitaciones de los niños, que los más pequeños compartan la dirección de correo electrónico familiar en vez de tener una cuenta propia y que la navegación sea supervisada por adultos.
Aftab recomienda limitar el tiempo de navegación de los niños y también que los colegios impartan a sus alumnos un cursillo sobre ciberciudadanía. En este sentido, valga como ejemplo local la iniciativa que lleva a cabo la asociación civil Chicos.net, que desarrolla talleres de Internet segura en escuelas públicas. En primer lugar, capacita a docentes y luego a los alumnos. La propuesta es que los participantes adviertan eventuales situaciones de riesgo, en las cuales quedan expuestos por sus respuestas. Entre risas y murmullos, en esos cincuenta minutos de juego descubren un aspecto poco difundido de la Red.
A ritmo cada vez más veloz, aparecen dispositivos tecnológicos de comunicación que los chicos manejan amigablemente: Internet, con sus chat , blogs , fotologs ; celulares con sus msn que se multiplican en concursos de todo tipo. La transformación que vive la humanidad desde la llegada de Internet es profunda e incide en la manera de ser humanos. Y también acrecienta los desafíos de ser padres, madres, docentes.
Es prioridad que niñas, niños y jóvenes accedan a las nuevas tecnologías con el fin de disminuir la brecha digital, y es necesario que se anticipen situaciones de riesgo ante las cuales puedan quedar expuestos. Más allá de que puedan aprender o jugar en la PC, existen oportunidades fantásticas en la escuela, el club o la plaza en las cuales los niños pueden crecer haciendo amigos.
La autora es especialista en temas de educación y comunicación.
Internet nos cambió la vida. Lo hizo en todos los campos y dimensiones. Desde su masificación ya no hay distancias, ni horarios ni tiempo tal como supimos concebirlos. Desde que los monitores se multiplican en las casas de quienes pueden adquirirlos, o en los cibercafés donde se hacen accesibles por una moneda, ya nada parece ser igual. La sociología, la antropología, la psicología y el periodismo deben repensarse con una arista particular, la de la virtualidad, que lentamente va ocupando el centro de la escena en las casas, en los bares, en los escritorios de los conductores de noticieros y, más tarde que temprano, también en las aulas.
Internet es una herramienta fascinante, de gran utilidad para el estudio, el intercambio académico, los negocios, el entretenimiento. Pero también es un lugar, o, más aún, un modo de transportarnos por un espacio inasible, con reglas propias y muchas veces desconocidas por los visitantes.
Estas reglas están en permanente construcción, y conocerlas -a veces adivinarlas- se torna un desafío. Es una situación particular, diferente de las normas de tránsito, por ejemplo, dado que las nuevas tecnologías resultan en general más amigables para los más jóvenes, en tanto muchos adultos se perciben a sí mismos como analfabetos funcionales en la gramática de la tecnología.
La afirmación de Pescetti mencionada al principio se corrobora cuando se accede a los datos provistos por el Centro Internacional de Menores Desaparecidos y Explotados ( National Children s Home Report , NOP Research Group y la Escuela de Economía de Londres), los que dan cuenta de que desde 1988 las imágenes de pornografía infantil en Internet han aumentado en un 1500%. Las autoridades estiman que alrededor de 50.000 depredadores sexuales están en línea permanentemente. Indican también que un 40% de los pornógrafos infantiles en el ciberespacio han previamente abusado sexualmente de niños. Que de 4 millones de niños, entre las edades de 7 a 17 años, que navegan en Internet un 29% ofrece libremente la dirección de su casa y un 14% da su dirección de correo electrónico. Y que 9 de 10 niños, entre las edades de 8 a 16, han visto pornografía en Internet accidentalmente. El Centro para Niños Desaparecidos y Explotados reportaba, en 2001, más de 24.400 sitios en Internet de pornografía infantil, y más de 340.000 para el comienzo de 2006.
Los riesgos de Internet ya fueron anticipados casi una década atrás por el movimiento Innocence in Danger , impulsado por la Unesco, que ya entonces convocó a especialistas interdisciplinarios (psicólogos, educadores, legisladores, jueces, sociólogos, periodistas, etc.) con el propósito de alertar a padres, educadores y publicistas sobre estos riesgos.
Parry Aftab, una de las fundadoras de aquel movimiento, actual directora ejecutiva de la red mundial de protección infantil Wiredsafety.org , afirmaba días atrás, en una entrevista, que el "ciberacoso" es el riesgo más frecuente para los niños en Internet. Una década atrás tuve oportunidad de hablar con ella en la sede de la Unesco-París. Y si bien este fenómeno ya existía entonces es la dimensión lo que se ha multiplicado. Sin embargo, ¿existe conciencia sobre este tema?
El gran desafío para quienes nacimos en la era pre-Internet es comprender que aunque el cibernauta esté en casa, frente a la computadora, está en realidad "extramuros", tal vez en una zona de riesgo.
Por eso las reglas para los niños deben ser similares a las que se acuerdan a la hora de comenzar a manejarse solos por las calles. No hablar con extraños; no brindar datos personales -en ningún caso- a desconocidos; no entrar en sitios de chat o foros; saber que quienes firman mensajes pueden estar mintiendo, dado que el anonimato es una de las características de la Red.
Confiar en los adultos cercanos a la hora de sentirse acosados por un desconocido es otro de los consejos que se repiten. Así lo indica el portal educ.ar: "Los chicos pueden usar Internet, pero deben saber que allí cualquiera puede publicar y que las cosas pueden no ser lo que aparentan".
Para anticipar situaciones conflictivas, los especialistas sugieren que las computadoras no estén en las habitaciones de los niños, que los más pequeños compartan la dirección de correo electrónico familiar en vez de tener una cuenta propia y que la navegación sea supervisada por adultos.
Aftab recomienda limitar el tiempo de navegación de los niños y también que los colegios impartan a sus alumnos un cursillo sobre ciberciudadanía. En este sentido, valga como ejemplo local la iniciativa que lleva a cabo la asociación civil Chicos.net, que desarrolla talleres de Internet segura en escuelas públicas. En primer lugar, capacita a docentes y luego a los alumnos. La propuesta es que los participantes adviertan eventuales situaciones de riesgo, en las cuales quedan expuestos por sus respuestas. Entre risas y murmullos, en esos cincuenta minutos de juego descubren un aspecto poco difundido de la Red.
A ritmo cada vez más veloz, aparecen dispositivos tecnológicos de comunicación que los chicos manejan amigablemente: Internet, con sus chat , blogs , fotologs ; celulares con sus msn que se multiplican en concursos de todo tipo. La transformación que vive la humanidad desde la llegada de Internet es profunda e incide en la manera de ser humanos. Y también acrecienta los desafíos de ser padres, madres, docentes.
Es prioridad que niñas, niños y jóvenes accedan a las nuevas tecnologías con el fin de disminuir la brecha digital, y es necesario que se anticipen situaciones de riesgo ante las cuales puedan quedar expuestos. Más allá de que puedan aprender o jugar en la PC, existen oportunidades fantásticas en la escuela, el club o la plaza en las cuales los niños pueden crecer haciendo amigos.
La autora es especialista en temas de educación y comunicación.
